En respuesta a una pregunta sobre su ceguera,
dijo Borges que Milton, al perder su paraíso, había descubierto
que los expulsados sólo vemos la superficie coloreada de las
cosas. Borges ciego veía una única superficie, plana,
iluminada, de oro. Tenía las ventanas abiertas hacia dentro,
hacia ese espacio interior que sólo puede contemplar quien duerme
o quien posee el instrumento del artista, sea éste la ceguera,
o la cámara, o el pincel, o las tijeras. El artista con su navaja
pela las cabezas como quien monda una manzana en cuyo interior se escondiera
una calavera. La superficie blanda y coloreada se abre para mostrar
la superficie pálida y dura; después pela también
el hueso con un diamante, y dentro escapan en desbandada las miríadas
de manchas, perfumes, poses, objetos, miedos, gestos, símbolos
y todo lo demás, lo indecible y transparente, lo que a veces
podemos ver cuando soñamos quienes despiertos sólo vemos
la superficie coloreada de las cosas.